JACINTO LÓPEZ Y ROMO -humilde Pastor

JACINTO LÓPEZ Y ROMO – Humilde Pastor                                              $200.00

Al iniciar la investigación histórica sobre La Villita de la Encarnación, nació en mí la inquietud por conocer las personalidades que habiendo nacido en la humilde villita, llegaron a trascender con sus actos realizados en vida y que son reconocidos más por los extraños, que por los propios hijos de la antigua Villita de la Encarnación.

Entre las contadísimas personalidades que han trascendido y que debe ser motivo de orgullo para los habitantes de nuestra ciudad, sin lugar a dudas, la estrella más luminosa y resplandeciente de todos los hijos ilustres, del pasado, del presente y del futuro, es el ilustre Dr. D. Jacinto López y Romo, humilde huérfano de padre y madre, que vivió en carne propia, la pobreza, el desamparo y la soledad, que desde los solitarios rincones de un hospicio, llegó a encumbrarse, hasta llegar sin desearlo a ser Príncipe de la Iglesia, convirtiéndose en el primer Arzobispo de Linares y tercer Arzobispo de Guadalajara, que fungiera como Delegado de su Santidad León XIII, en el Concilio Latinoamericano celebrado en Roma en 1899.

Jacinto López y Romo, “Don Jacinto”, como le decía fraternalmente su Ilustrísima el Sr. Arzobispo Don Pedro Espinoza y Dávalos, cuando era su familiar; por méritos propios, es hasta nuestros días, el hijo de Encarnación más destacado, un hombre de vida ejemplar, olvidado e ignorado por los habitantes de la tierra en que nació.

Don Jacinto fue el guía espiritual y consejero de varios párrocos de la antigua Villita de la Encarnación, lo que consta en la correspondencia que sostenía, cuando colaboraba en las oficinas de la Sagrada Mitra de Guadalajara, además de hombre ilustre, fue un benefactor de la Villita, él donó el barandal de la actual Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación.

Esta obra es mi humilde reconocimiento al ser humano que desde la orfandad, pasando por una pobreza extrema, de una humildad admirable, con una capacidad administrativa comprobada, constructor incansable y sacerdote de un misticismo digno de admiración, llegó a convertirse en Príncipe de la Iglesia.

 

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